Puede que hayas pensado en cuánto tiempo hemos dedicado a trabajar en nuestras vidas. Por más o menos diferencias, tomando como referencia la esperanza de vida en Estados Unidos (79 años), resulta que llevamos trabajando 12 años, la vida laboral promedio es de 45 años, y trabajamos 40 horas semanales. . Un número interesante. Entonces, ¿qué pasa si decides renunciar porque no te gusta?

El empleo puede ser una fuente de satisfacción y felicidad en el trabajo y viceversa. En el último caso, incluso si se cumplen todas las condiciones para hacerlo, a la mayoría de las personas les resulta difícil rendirse y casi nunca se rinden directamente.

El hecho es que el estresante y deficiente entorno laboral a largo plazo y la escasa comprensión de los costos y beneficios son factores que amenazan nuestra salud. Debemos considerar renunciar o cambiar de trabajo.

Maria Fatima Seppi Vinuales, licenciada en psicología, nos comparte estas recomendaciones a tomar en cuenta al momento de no sentirnos a gusto en nuestro lugar de trabajo.

3 razones para renunciar un trabajo que no te gusta

Mal ambiente laboral, salario impago, humillaciones, violencia, su trabajo viola valores, nuevos intereses profesionales o cambios de carrera, estas son solo algunas de las razones por las que la mayoría de las personas renuncian a sus trabajos.

Sin embargo, ante un trabajo que no nos gusta, podemos resumir los motivos en pocas palabras: salud, satisfacción personal y baja productividad por falta de motivación.

1. Cuidar la salud

¿Cuál es el costo que estás pagando por permanecer en ese lugar? Ansiedad, insomnio, ataques de pánico, tristeza o enfado permanente.

Estos son algunos de los síntomas que pueden aparecer cuando el trabajo no solo representa aburrimiento, sino también malestar o depresión. La particular condición económica puede ser crítica, pero lo es mucho más la afectación a la salud, con consecuencias severas.

2. La autoestima y la motivación

Permanecer mucho tiempo en espacios en los que no nos sentimos a gusto afecta nuestra autoestima y nuestra motivación. Por un lado porque dejamos de sentirnos útiles y valiosos; por el otro porque, al perder el interés en lo que hacemos, nos resulta tedioso enfrentar el día a día y se adormece la creatividad.

3. Riesgo de errores

De la mano de la motivación, cuando empezamos a funcionar en piloto automático nuestra atención y concentración decae y es probable que estemos más expuestos a cometer errores que pueden ser importantes.

Consejos para renunciar a un trabajo que no te gusta

Cuando no tienes suficientes motivos para quedarte, entonces hay motivos para irte. Sin embargo, del dicho a la práctica puede que resulte difícil convencerse o lograr ver la decisión más acertada.

Informarse

Por una cuestión de responsabilidad y hasta de reputación, en general se recomienda no dejar un trabajo de un día para el otro. Es importante avisar con tiempo y también informarse acerca de los procedimientos administrativos y legales a cumplir.

Respecto del tiempo, muchas personas dudan acerca de cuánto es adecuado. ¿15 días? ¿1 mes? Lo primero sería fijarse si el contrato laboral lo explicita de algún modo.

Lo segundo es evaluar en qué puesto estamos y chequear qué margen de maniobra le dejamos a la otra persona. Por ejemplo, si estamos en un puesto clave en el que se requiere de una capacitación muy específica, es óptimo avisar con más de 15 días. De este modo, habrá tiempo de convocar a una selección de personal y de acompañar, aunque sea mínimamente, la formación de la nueva persona.

Preparar la salida

En relación con el punto anterior, siempre es óptimo hacer una salida en buenos términos. Por eso, se recomienda pensar en compartir con nuestro superior o con recursos humanos los motivos por los que nos vamos. Esta instancia funciona como un feedback para que puedan implementar mejoras.

También es prudente que la primera persona que lo sepa sea tu jefa o jefe y que no se entere porque es un secreto a voces. Por último, ten en cuenta que necesitarás también tiempo para retirar las cosas que debes llevarte.

Quiero, pero…

Es importante pensar cuáles son las creencias, situaciones o temores que están en la base de la imposibilidad de dejar ese lugar de trabajo. En ocasiones, se trata de ideas vinculadas con la autoestima (“no  seré capaz de conseguir otro empleo”), mientras que en otros casos se trata de una preocupación económica.

Quitarse el peso de tener tiempo libre

Dejar un trabajo no tiene por qué ser el fin de la vida laboral. Es importante pensarlo como un momento de transición, en el que podremos concedernos tiempo para conocernos, para recuperar interés y hasta para aburrirnos.

Es importante trabajar la culpa de tener tiempo libre, en especial en una sociedad que nos ha enseñado que para valer hay que producir.

Muchas veces, en el ritmo vertiginoso del día a día perdemos la posibilidad de conectarnos con nuestros intereses y de permitir que la mente pasee sin rumbo. En dichos momentos pueden surgir grandes ideas para reinventarnos y reorientarnos.

Pensar escenarios alternativos

Para dejar un trabajo no es necesario incorporarse a otro de inmediato. Lo que sí es importante es diseñar un horizonte en el corto y mediano plazo, ya que también ayuda a calmar la ansiedad.

Por ejemplo, chequear cuánto dinero necesitamos disponer para hacer frente a nuestras obligaciones básicas (comida y renta, por ejemplo) y cuánto tiempo dispondremos de dichos ahorros. Esto no quiere decir que no puedan surgir imprevistos en el camino, pero su impacto será menor.

A veces, este plan no tiene que ver con lo económico, sino con la tranquilidad de que vamos a estar haciendo algo. En ese caso, podemos pensar qué actividades nos interesan y a cuál sí podremos apuntarnos.

Prepararse

Muchas veces buscamos dejar un trabajo porque estamos pensando en desarrollar un nuevo emprendimiento o en cambiar de rubro por completo. Para cualquier caso, lo mejor es prepararse. Hay que averiguar qué sucede en el ámbito de interés, actualizar la hoja de vida, buscar cursos que puedan servirnos.

No idealizar

Ni es tan tremendo dejar un trabajo ni es tan maravilloso hacerlo. Es decir, las primeras sensaciones y emociones sobre renunciar a un trabajo pasarán y luego vendrán otras.

Es importante no idealizar ni dramatizar con uno u otro escenario. Reconozcamos que, así como habrá buenos momentos, también existirán angustias.

Cuidar la salud mental si es necesario renunciar a un trabajo

El malestar en los ámbitos de trabajo tiene una relación directa con nuestra salud mental. Incluso hay síndromes, como el de burnout, que son expresiones más potentes o manifiestas de ese padecimiento cotidiano.

Es importante respetar los tiempos y procesos para renunciar al trabajo, pero también es necesario que nos lo tomemos en serio y que no esperemos a que todo se calme o que las cosas cambien por sí solas.

En muchas de estas ideas hay excusas y temores, pero ¿a qué costo? No perdamos de vista que no hay por qué acostumbrarse al malestar y que somos merecedores de la posibilidad de sentirnos a gusto y de seguir creciendo.


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