Los padres son el mayor referente de los niños, sobre todo cuando son muy pequeños. La forma de comportarse con el mundo la aprenden a través de sus padres, cuyos comportamientos no ponen en duda en prácticamente ningún momento.

Los hijos aprenden de sus padres todo, tanto lo bueno como lo malo. Si los padres respetan las normas, tienen un estilo de vida saludable y se relacionan respetuosamente con los demás, los hijos aprenderán a hacer lo mismo. En cambio, los adultos hacen lo contrario, los hijos también lo aprenderán.

Saber cómo dar ejemplo a los hijos es complicado. No siempre se acierta puesto que, los padres, por muy adultos que sean, no dejan de ser humanos que se pueden equivocar. Por fortuna, se puede ir con cuidado y hacer todo lo posible para ser un buen ejemplo para los más pequeños.

La importancia de dar ejemplo ante los pequeños de la casa

El físico alemán Albert Einstein, probablemente el científico más icónico de la historia, decía “educar con el ejemplo no es una manera de educar, es la única”. Los niños aprenden por imitación, y las primeras personas a las que copian en sus acciones, actitudes y comentarios son los padres y otros familiares. El ejemplo es uno de los mejores instrumentos con los que cuentan los padres para educar a sus hijos.

Aunque no nos demos cuenta, todo padre y madre da ejemplo a sus hijos todos los días con cada cosa que hace. Los niños pequeños son seres inocentes, que rara vez cuestionan lo que ven hacer y decir a sus padres y, para ellos, sus figuras de referencia siempre hacen lo correcto, sea lo que sea. Cada acción que hacen los padres, por mínima que sea, ejerce un gran impacto sobre sus hijos, especialmente en la forma de organizar la realidad y en el acercamiento a los otros y a cuanto lo rodea.

Por lo tanto, como adultos responsables, maduros y con autocontrol, debemos vigilar nuestros actos y ser conscientes de cuándo lo hacemos mal. Tenemos derecho a fallar, pues errar es humano, pero rectificar es de sabios. Si cometemos una falta, se lo deberemos decir a nuestro hijo, explicándole que lo hicimos mal y que él no debe imitar ese comportamiento, que a veces los adultos se equivocan.

Cómo dar ejemplo a los hijos: estrategias de educación

1. Decir la verdad

Muchos padres creen de verdad que regañar a sus hijos cuando mienten es la mejor manera de enseñarles a no cometer esta transgresión. Decir mentiras es algo que se considera poco ético en la mayoría de las culturas. Cerca de tres cuartas partes de los padres aseguran que enseñan a sus hijos que mentir está mal, pero prácticamente todos admiten que no siempre dicen la verdad a sus hijos.

No tiene sentido que pretendamos que nuestros hijos no mientan si nosotros mismos somos los primeros que no somos sinceros con ellos. Cuando se den cuenta de que les hemos mentido, acabarán viendo la mentira como algo normal y, teniendo en cuenta cómo idolatran a sus padres cuando son muy pequeños, pensarán que mentir es algo propio de personas buenas.

2. Enseñarles a escuchar, escuchándolos

Muchos padres hacen todo lo posible para que sus hijos les hagan caso y, al ver que no hay manera, se acaban quejando y diciendo que sus hijos no les escuchan. Sin embargo, ¿Cuántas veces pasa que son los adultos quienes ignoran a los peques? ¿Cuántas veces nuestros hijos nos han venido ilusionados a contarnos algo y nosotros les hemos contestado con un rotundo “ahora no”?

Es difícil conseguir que nuestros hijos nos escuchen si no son pocas las veces que no les prestamos atención. Aunque nos cueste, lo ideal es dedicar un momento a atenderlos y decirles que justo en ese momento no podemos, pero que en un rato seguro que sí y tendremos todo el tiempo que necesiten para contarnos lo que quieran decirlos.

Así, valorarán nuestro tiempo a la vez que verán que nosotros valoramos sus experiencias, opiniones y cualquier cosa que nos tengan que decir. Escuchando a nuestros hijos cuando estemos hablando, sin ignorarlos, conseguiremos que, cuando seamos nosotros quienes hablamos, se interesen por lo que les decimos.

3. No gritar

Suele ocurrir que en más de una ocasión le decimos a nuestro hijo que no grite, diciéndoselo gritando tan o más fuerte que él. Es verdad que la paciencia tiene un límite, pero como padres debemos hacer un esfuerzo por mantener la mente fría y ser racionales.

La furia es contagiosa y los padres no son inmunes a ella. Si perdemos los estribos con frecuencia, gritando y bramando, nuestros hijos acabarán aprendiendo que eso es una forma normal de comunicarse.

4. Respetar las normas

Queremos que nuestros hijos sigan las normas, pero ¿Cuántas veces te han visto estacionar en doble fila? ¿Y sentarte en los asientos reservados del bus? ¿Robas bolígrafos de tu oficina? Si es así, desde luego no estás enseñando a tus hijos a respetar las normas, pues eres tú el primero en transgredirlas.

Este tipo de infracciones pueden parecer inofensivas, pero realmente tienen la consecuencia de que le estamos enseñando a nuestros hijos que está bien transgredir las normas e, incluso, la ley. Te va a ser muy difícil conseguir que tus hijos sigan las normas en casa si en el mundo de ahí afuera tú no las respetas.

5. Hacer aficiones productivas

Muchos padres se quejan de que sus hijos son unos vagos y pierden el tiempo con pasatiempos poco “productivos”. Lo cierto es que ningún pasatiempo es improductivo, en tanto que el entretenimiento, siempre que sea sano, nos brinda bienestar psicológico en la mayoría de las ocasiones. La idea de que los videojuegos, cómics o las series son aficiones inútiles y poco cultas es tan absurda que no vale la pena perder el tiempo discutiéndola.

Sin embargo, si lo que queremos es que nuestros hijos sean “productivos” y lean, hagan deporte o toquen un instrumento, tendremos que ser nosotros los que empecemos leyendo, haciendo deporte o tocando un instrumento. Nuestras aficiones acabarán siendo sus aficiones con mucha probabilidad.

También cabe decir que si no queremos que nuestros hijos estén enganchados al móvil, el ordenador y la tele, lo suyo es que nosotros mismos demos ejemplo apartándonos de estos medios. Se pueden seguir usando a modo de entretenimiento, pero restringiendo los horarios de su uso y, también, evitando superar las dos o tres horas diarias usándolos.

6. Mostrar tolerancia a la frustración

Este es un valor fundamental a enseñar a nuestros hijos. Si eres de esos padres que se agobian a la más mínima, tengo una mala noticia para ti: tus hijos también serán así. Es de vital importancia que ayudes a tus hijos a tolerar los altibajos de la vida, tanto si es a causa de un error propio como si lo es por uno de otro.

Si no aprenden a gestionar sus emociones ante las adversidades y los inconvenientes, van a ser adultos que se ahogarán en un vaso de agua. Damos ejemplo mostrándole cómo aguantamos de pie ante la adversidad y, aunque lo pasamos mal, no nos rendimos buscando soluciones, aceptando que hay cosas que se pueden cambiar y otras que no.


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