Antes de Internet, la vida era muy diferente a como la vivimos hoy día y, aunque algunas cosas no han cambiado, otros aspectos son irreconocibles

Escribir cartas, leer el periódico, mandar sms dignos de un buen criptógrafo, pedirle recetas a la abuela… ¿Alguna vez te has preguntado por qué tus padres no pueden entender por qué olvidarte el teléfono en casa es tan importante? Bueno, es difícil imaginar un mundo sin redes sociales o Google, actualmente, pero cuando eran adolescentes, Internet no existía,

 ¿Te imaginas un mundo sin Instagram, Twitter o Facebook, donde cada información importante que pudieras necesitar no estaba al alcance de tu mano? Nuestros padres vivían en ese mundo, y hoy lo repasaremos. ¿Recuerdas lo que hacíamos antes de la llegada de la red Internet?

Crear listas de música físicamente

Crear una lista de reproducción de canciones es bastante sencillo de hacer estos días. Incluso puedes encontrarte listas ya hechas en aplicaciones como Spotify que se adecuen a tus gustos. Sin embargo, antes de la llegada de la red Internet había que hacerlo a mano, físicamente. Era necesario poseer una cinta de casete en blanco que normalmente contaba con hasta 45 minutos en cada lado (lado A y lado B), así como una platina de casete doble o un boombox y/o un reproductor de CD para crear una cinta o lista de mezclas. No había nada más detallista que alguien te regalara una lista de canciones hecha expresamente para ti.

Utilizar los anuncios clasificados para encontrar trabajo

Antes de que existiera Linkedin, Monster.com o incluso Infojobs, las personas solían buscar trabajo en el periódico local o nacional. Escanear las paginas de clasificados buscando la oferta deseada y acabar arrancando ese pedazo de papel de la oferta, era lo más habitual antes de Internet. Incluso los había que buscaban trabajo en los carteles situados en la carretera u obteniendo referencias de amigos.

Salir de casa para socializar

Mucho antes de que existiera Internet y pudiéramos utilizar herramientas como Youtube, Instagram, WhatsApp o Twitter, era necesario salir de casa para poder conocer a gente. Era imperativo. Si no salías de casa no tenías la oportunidad de toparte con gente nueva ya fuese al ir al cine, alquilar una película al videoclub o comprar un disco de música (preferentemente en vinilo) en tu tienda de música preferida. Hoy podemos hacer todo esto y mucho más sin salir de casa. Lo mismo puede decirse de quedar para asistir a una reunión. Antes no quedaba otra forma que coincidir físicamente en un local.

Ir a la biblioteca a consultar libros

Los estudiantes de la era antes de Internet no tenían otra herramienta de consulta que acudir a la biblioteca más cercana para consultar libros y diccionarios. Mención especial merece Encarta, la primera enciclopedia de Microsoft que digitalizó el conocimiento humano. Se lanzó en 1993 y con ella se formó y creció toda una generación. La aparición de la Wikipedia, entre otras cosas, motivó su desaparición definitiva en 2009. Google no se fundó hasta 1998; antes de eso, todo el mundo tenía que buscar manualmente información en los libros. Eran “tiempos oscuros” en los que realmente necesitábamos buscar y leer pormenorizadamente para encontrar la información deseada. Cómo han cambiado las cosas.

Llevar un mapa de carreteras

Antes de la existencia del GPS o Google Maps, encontrar el camino desde el punto A al punto B significaba tener que confiar en un mapa físico que habitualmente guardábamos en la guantera del vehículo o en el bolso, si íbamos andando. Perderse un poco entraba dentro de lo razonable y no nos urgía llegar con celeridad a un lugar concreto. Otra de las tareas más complicadas respecto a los mapas, era volver a doblarlos adecuadamente.

Preguntar por una calle

De la misma forma que necesitábamos consultar un mapa de carreteras para realizar un trayecto, cuando no estábamos seguros de cómo llegar a una tienda o lugar en particular, preguntábamos a la primera persona que viéramos por la calle. Sin Internet ni GPS, requeríamos de personas locales para que nos sirvieran de guías para encontrar nuestro destino, sobre todo si ni siquiera llevábamos un mapa encima.

Ligar

Antes de la aparición de Tinder, Meetic y las mil y una aplicaciones para ligar o encontrar pareja que existen en la actualidad, había que armarse de valor y preguntar directamente a la persona que nos interesaba si quería salir a tomar algo. Los más creativos pedían a sus mejores amigos o amigas que realizaran este prolegómeno y los más tímidos escribían una especie de cuestionario divertido para comprobar si la respuesta era “sí”. El juego de las citas nunca ha sido el mismo desde Internet.

Usar la guía telefónica

Antes, cuando necesitabas un fontanero, electricista o incluso querías pedir una pizza a domicilio, buscabas en el mamotreto que suponía la guía telefónica o las “páginas amarillas” para encontrar estos números de teléfono y llamar para solicitar el servicio en particular. Estas enormes guías en las que se empleaba una barbaridad de papel, son ahora una reliquia de coleccionista, pero antes de la red no había otra manera de encontrar números de personas y empresas.

Imprimir las fotos

Hoy en día, no tenemos por qué imprimir una foto a menos que realmente queramos contar con el soporte físico de la misma. Podemos publicarlas fácilmente en las redes sociales y mostrarlas a los demás desde nuestros dispositivos y, además, las cámaras digitales nos permiten ajustar balance de blancos, niveles ISO y utilizar filtros para aparecer ideales. Pero en la era de la vieja escuela, solo había una opción: hacer las fotografías con la cámara esperando que salieran bien y acudir a la tienda de fotografía más cercana para revelar e imprimir las fotos.

Jugar a juegos en el móvil

Los juegos móviles eran muy diferentes. Cuando se vislumbró que los teléfonos móviles podían usarse para jugar, fue algo revolucionario, aunque antes impensable. Una vez que los primeros Nokia salieron a la luz con juegos como Snake, cambiarían el mundo de los juegos para siempre. El año de estreno fue 1998, convirtiéndose en un juego sencillo pero adictivo, con una audiencia masiva. Hoy en día podemos disfrutar de todo tipo de juegos con excelentes gráficos si nuestro móvil no tiene una década, claro está.

Ver solo un episodio cada vez

Los atracones de series no existían. Para ver tu serie o programa favorito tenías que estar en el sofá a la hora a la que se emitía, porque no podías ni programar su grabación ni verlo posteriormente a la hora que quisieras. Lo que significaba que solía reunirse toda la familia a la vez en el sofá para ver la tele. No podías ver varios capítulos seguidos, puesto que solo se emitía un episodio cada vez. El “binge-watching” o “atracón de series” se extendería tras el surgimiento de plataformas como Netflix.

Cambiar manualmente la hora

Cada vez que tocaba el cambio de hora teníamos que retroceder manualmente los relojes durante el horario de verano o de invierno. Relojes de pulsera, despertadores, relojes de pared… Actualmente el poder de la tecnología digital hace que los relojes se cambien “mágicamente” 😉 sin intervención humana.


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